Sala Equis

Madrid es de esas ciudades que impresiona por la abrumadora cantidad de locales para comer o beber. Salir y no hacer una parada para disfrutar de su gastronomía es no haber vivido la noche madrileña “a tope”, en su máxima expresión, como quien dice. Allí resulta gratificante encontrar un lugar para esconderse entre los ímprobos 15 mil bares y restaurantes que existen, y esto solo se puede lograr en la Sala Equis.

En la calle del Duque de Alba, en pleno centro de la capital, pocos se darán cuenta de que hay un sitio para beberse una caña o un vino y ver los mejores clásicos del cine. No hay señalizaciones, ni carteles. Para caer en la Sala Equis hay que asomarse un poco, traspasar una reja muy rococó y disfrutar.

El escondite perfecto

Se trata de un multiespacio que ofrece variadas distracciones culturales, como proyección de ciclos de películas en una plaza central, en la parte interior del local; así como conciertos en pequeños formatos, y conferencias. Además de una gastronomía enfocada en comida rápida y fácil de tomar, pero especial para acompañar una velada vespertina o nocturna con amigos. Su ambiente también se convierte en la cita ideal para parejas, a muy bajo costo.

El espacio cuenta con varios ambientes: una terraza cubierta; un callejón con mesas para comer que, conduce a la sala principal; y una Sala Plaza, adornada rústicamente, con paredes desnudas, a modo de jardín, que incluye los columpios. Subiendo las escaleras se encuentra el Ambigú, un espacio perfecto para tomar un cóctel o un combinado, y después de este, el cine.

Sala Equis

El edificio alberga una historia curiosa. Hasta 2005, allí estaba el Cine Alba, famoso en el siglo XX por proyectar películas pornográficas. Desde hace alrededor de un año, la sala se ha reducido a 55 butacas y se ha decorado con un rojo intenso, con interiorismo de Plantea, para proyectar cine temático mientras se disfruta de una deliciosa ensaladilla Equis o se bebe un tinto.

La mejor gastronomía Equis

El menú, aunque sencillo, es para apasionarse más por el lugar. Se pueden probar tanto las típicas croquetas de jamón ibérico o las patatas bravas, como los diferentes bocatas de rabo de toro o una ecoburguer con queso en pan brioche.

Los platillos para compartir, o no, cuestan entre 3,50 y 9,50 euros, y se pueden disfrutar sentados en una de las gradas de la terraza-jardín, en los sofás o hasta en el columpio.

Esto y una agradable compañía, el ambiente de jardín fresco con luces bajas y buena música adornan la noche madrileña como si todo se tratase de un secreto gastronómico, apto solo para los amantes de la cultura.

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@Patifini

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