eugénie brazier

Corría el año de 1895 cuando, en Bourg-en-Bresse, Francia, a una joven Claudine Brazier le inician los dolores de parto en medio de un día de mercado. Rápidamente es llevada a la casa de su madre, donde da a luz a una rozagante bebé a la que llama Eugénie Brazier.

Sin saberlo, Claudine trajo al mundo a una de las mujeres más importantes del mundo de la gastronomía y que, gracias a sus cualidades culinarias, se convertiría en la primera mujer en conseguir estrellas Michelin.

Los inicios de Eugénie Brazier

Desde su nacimiento, la vida de  Eugénie Brazier no fue fácil y siempre llena de trabajo.  Sus padres estaban a cargo de una granja, así que desde muy pequeña tuvo que empezar a ayudarlos con el trabajo. A los cinco años se encargaba de los animales, tras la muerte de su madre, cuando ella tenía 10, es trasladada a otra granja alejada del resto de su familia.

A sus veinte años ya era madre soltera y la vida no se estaba haciendo fácil. Decide entonces entrar al servicio de una gran familia de Lyon como nodriza. Es allí cuando tiene sus primeras experiencias tras los fogones. Aunque al principio no parecía mostrar mucho interés, poco a poco fue aprendiendo los métodos y procesos de cocina.

En poco tiempo se volvió una experta en guisos y seleccionando los mejores productos. Esto último, más adelante, se convertiría en uno de sus sellos de identidad, llegando a ser célebre entre sus proveedores por lo exigente que era con cada uno de los productos que le traían.

Paul Blanc, Paul Bocuse, Jean Vettard, Jean Vignard, Christian Bourillot, Roger Roucou, Paul Lacombe, Guy Thivard, Marius Vettard
Camino a la excelencia

Tras conseguir experiencia, Eugénie Brazier deja su trabajo como como nodriza y decide independizarse. Consigue entrar en la cocina del restaurante de la Mère Filloux. Allí, además de cocina, aprende la forma de llevar correctamente un negocio. Pero el carácter de Eugénie choca con el de la mère Filloux; se marcha, entonces, a La Brasserie du Dragon, un famoso restaurante de la época. Es allí donde se inicia su afamada reputación en la ciudad de la seda.

Una vez conseguida suficiente experiencia, Brazier se arriesga y decide irse por su cuenta, abriendo en 1921 su propio restaurante típico de Lyon, donde podían degustarse las especialidades de la región.

La excelencia de los platos de Eugénie Brazier la llevan, progresivamente, a la fama. La clientela acomodada de Lyon acude para apreciar su cocina simple pero perfecta. Al poco tiempo logra comprar un caserón, en el Col de la Luère, cerca de Lyon donde instala su comedor ‘La Mére Brazier’.

La poularde demi-deuil se convirtió en su plato estrella, logrando que famosos de la época se movieran hasta Lyon para degustarlo. Sus menús varían poco, pero la perfección y excelencia es constante. La cocina es simple, los productos de primera calidad y la mantequilla reina, pero con discernimiento.

Eugénie no tuvo que esperar mucho para que su éxito subiera al olimpo de la gastronomía. En 1933 la prestigiosa Guía Michelín la reconoce por primera vez con sus famosas tres estrellas. La Mère Brazier recibe esta distinción.

El nombre de Eugénie Brazier empieza a sonar en todo el mundo y se convierte en una de las cocineras más cotizadas. Las ofertas de trabajo le llegaron desde diversos rincones del mundo. Sin embargo, fiel a sus raíces y mística de trabajo, prefirió seguir preparando desde casa sus platos alejados de la pretenciosa cocina de la época.

Olimpo de la cocina

Gracias a su talento, Eugénie logró alcanzar diversos reconocimientos a lo largo de su carrera. Su restaurante fue el primero en conseguir el codiciado triestrellado de la Guía Roja; también fue la primera mujer en conseguir la máxima de estrellas y, además, la primera chef de la historia que logró conseguirlas dos veces. Por si fuera poco, logró catapultar a Lyon como la segunda capital gastronómica del país franco, después de París. No es de extrañar, entonces, que se consagrara como una de las cocineras más famosas e importantes de Francia.

Eugénie fue prodigio en compartir conocimiento. Con tenacidad, Brazier transforma y construye con tesón una pequeña oleada de nuevos cocineros para Francia. El entonces  joven nouvelle cuisinier Paul Bocuse, fue uno de sus alumnos prometedores.

 

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