Foto: 123rf

El pueblo venezolano es, en general, hospitalario. Seguramente habrá excepciones, pero el venezolano abre sus puertas al visitante y al extranjero. Es solidario en los momentos de dificultad ajena. En una casa llanera es particularmente abierto  a los otros. Pero las cosas han cambiado en el país, en especial en las zonas urbanas, donde existe una inocultable inseguridad pública.

Cuando se llegaba a una casa llanera

De esas casas del llano adentro, el visitante era recibido con un “cafecito”, gesto que iniciaba una animada conversación, a la cual son muy propensos los llaneros. Recuerdo que cualquiera que llegara a la hora de la comida, era invitado a compartir la mesa. Y no había forma de negarse.

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Eso no representaba un problema, porque siempre en la casa de los llaneros se hacía más comida de la necesaria, pues se acostumbraba recalentar las sobras, de tal manera que nada se perdiera. Era una comida monótona y humilde, en la que predominaba el elemento cárnico y los carbohidratos derivados de musáceas y raíces.

La despensa de la casa llanera estaba constituida por los animales domésticos, el conuco y la troja vecinos a la casa y la carne o el pescado salados, que nunca faltaba. Era una comida austera, que, presidida por el cafecito, se compartía cálidamente con el visitante. 

Rafael Cartay

 

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