ensalada

En cada comida en la que una ensalada está implicada, predomina una premisa que solo los buenos conocedores entienden. Si hay algo que no debe sobrar entre todos los platos es precisamente esa mezcla de plantas y vegetales, que poco agradable resulta horas después de haber sido elaborada. Lo mismo les ocurre a aquellos que gustan de dejar los alimentos preparados desde temprano o se los llevan hasta la oficina.

Si bien hay ensaladas como la rusa o la de gallina, que pueden pasar varios días sin complicaciones dentro del refrigerador y aun así mantenerse perfectas, aquellas que incluyen ingredientes como lechuga, berro, cebolla cruda, tomate o radicchio suelen marchitarse y quedar con texturas poco llamativas a los minutos de haber sido elaboradas. Pero, como todos tienen el derecho de disfrutar de una ensaladita sea cuando sea, he aquí varias recomendaciones para lograrlo.

Usar plantas firmes

Espinaca ensalada

Entre los principales enemigos de una ensalada resistente están las lechugas, incluyendo sus variedades romana, rizada, americana, morada o cualquiera de sus hermanas. Estas tienen la particularidad de que se marchitan y se convierten en una especie de lámina húmeda y chiclosa poco amena para el paladar. Por el contrario, hay otras plantas que tienen mucho más firmeza y su integridad dura más tiempo en este tipo de preparaciones. Estas pueden ser la col rizada, espinacas, escarola u otras similares.

Que quede claro que la lechuga se puede emplear, siempre y cuando los demás ingredientes no arrojen demasiado líquidos. De lo contrario, se marchitará inevitablemente.

Mezclar diferentes vegetales

Añadir combinaciones entre vegetales y frutas a las plantas es la fórmula ganadora en cada ensalada. Lo ideal es dejar por fuera ingredientes que arrojen demasiado líquido por naturaleza, como los pepinos. Igualmente ocurre con las cebollas, que tienden a tornarse más invasivas después de pasar tanto tiempo cortadas entre otros componentes. Buenas alternativas son: zanahoria, célery, hinojo, pimentones, tomates sin semillas y manzanas, entre otras.

ensalada

También pueden ir algunos alimentos cocidos para que las texturas sean diferentes y el plato sea mucho más rico. Papas, espárragos, brócolis o champiñones son opciones a considerar.

Añadir sabores adicionales

Siempre que vayan en armonía y no estropeen el arte de la ensalada, hay otros ingredientes que pueden actuar fenomenalmente en este tipo de recetas. Algunos de ellos pueden ser los quesos frescos o madurados, semillas, alcaparras, aceitunas verdes o negras bien escurridas o frutos secos.

Tener aparte el aderezo

Independientemente de si se trata de una salsa cremosa, vinagreta o solo una mixtura de sal y pimienta, es siempre recomendable llevarlas en un contenedor aparte y no incluidas dentro de la ensalada. La sal hace que los ingredientes empiecen a expulsar el líquido que contienen y esto genera todo un caos. Por otra parte, los aderezos humedecen cada componente, lo que puede arruinar su integridad si pasan mucho tiempo reservados.

ensalada aderezo

Integrar proteínas bien cocidas

Para que sea un aperitivo balanceado o con la idea de que se comporte como un principal, a la ensalada le va bien uno o varios ingredientes altos en proteínas. El atún, siempre que se escurra en caso de ser enlatado, es una muy excelente idea. Lo mismo puede ocurrir con pechuga de pollo a la plancha. No se recomienda usar pollo empanizado, pues la cubierta pierde su esencia al rato, luego de exponerse a los jugos de otros ingredientes y el aderezo. Las lentejas, frijoles, huevos sancochados o embutidos también le quedan muy bien.

Cero crotones

ensalada crotones

Las desventajas de llevar ensaladas con crotones, como la César, es que estos absorben los líquidos de los otros ingredientes y se pueden convertir en un bocado de masa húmeda desagradable. Aunque la ensalada sea de muchos ingredientes secos, el pan tostado puede también deshacerse y dejar migajas en exceso. Por eso, si se trata de una ensalada viajera o de larga vida, el pan no tiene cabida.

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