champiñones consejos

Comprar champiñones frescos es un hábito que no todo el mundo tiene. Comúnmente, los enlatados son los preferidos, en vista de que los recién extraídos tienen una vida útil sumamente corta. Sin embargo, es ampliamente conocido que es mucho más sana, aprovechable y económica la primera opción.

Los hongos son tan ricos e ideales para acompañar otras comidas que es recomendable tener unos cuantos en el refrigerador para cuando surjan buenas ideas. Pero es muy desagradable encontrarse con champiñones babosos y oscurecidos a causa del tiempo y la mala conservación.

Entre los consejos que se deben seguir está el de seleccionarlos uno a uno y con sumo cuidado. No deben tener abolladuras, cortes o hundimientos oscuros, y así durarán más. Si bien en todos los mercados no se pueden tomar con la mano, porque ya están envasados, se debe hacer un esfuerzo por escoger los que tengan la superficie lisa.

Es importante tomar en cuenta que los champiñones pueden estar húmedos, pero no babosos. La razón por la cual se sienten húmedos es porque en su composición hay 90% de agua. Este factor hace que se descompongan rápidamente si no se resguardan de manera adecuada.

Una vez comprados, deben permanecer en el refrigerador, ya que a temperatura ambiente apenas sobreviven cuatro días. En la nevera, por el contrario, se mantienen aproximadamente por una semana. Sin embargo, lo mejor es consumirlos antes.

Respiración obligatoria

champiñones

He aquí el error principal de los consumidores al comprar champiñones: guardarlos en envases o bolsas de plástico. Las setas necesitan respirar. Si se alejan del contacto con el oxígeno, se acelera el proceso de estropeo.

En caso de que el recipiente donde vienen empaquetados tenga algún mecanismo de ventilación, pueden permanecer dentro del mismo. Pero si están totalmente sellados, es preferible retirarlos y colocarlos en una bolsa de papel, que puede guardarse perfectamente dentro del refrigerador.

Un error garrafal es lavarlos con agua antes de refrigerarlos. Se deben limpiar antes de cocinarlos, con un paño o papel, evitando el contacto con algún tipo de líquido.

Así que resulta una buena práctica conservar las bolsas de papel que quedan después de consumir el pan u otros productos, para utilizarlas posteriormente con los champiñones, pero, eso sí, siempre dentro de la nevera.

 

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