Boris Izaguirre

De él se han dicho muchas cosas. Se le ha llamado showman y se le han criticado la exageración y el desparpajo en pantalla. Esta semana resaltaba en los titulares por la pataleta que armó en el set de Masterchef Celebrity, durante la preparación de un rabo de toro, que culminó con su expulsión del programa en su versión española. Pese al disgusto, el momento sirvió una vez más para dejar ver el alma y la honestidad de un personaje que solo ha cosechado éxitos, como escritor y animador. La cocina también se ha convertido en una oportunidad para desvelar a Boris Izaguirre.

Con la pluma entre lo político y social, y un verbo incisivo, pero empático, que le ha otorgado derecho para escribir de la dictadura venezolana tanto como de la monarquía española, Boris asegura que en su historia reciente en las pantallas “hay un antes y un después” de Masterchef. Un reto, una zona de disconfort.

“Para mí cocinar y escribir se parecen mucho, atraviesas los mismos pasos y retos, las mismas alegrías y frustraciones, los mismos abismos y planicies. Solamente un escritor sabe lo que sufre escribiendo y solamente un cocinero sabe lo que duele un plato maravilloso”.

Entre los reyes de la gastronomía

Junto al chef y juez de Master Chef, Jordi Cruz

Después de haber sido jurado en varias oportunidades, en septiembre saltó al otro lado del plató, para arriesgarse entre fuegos. Concursó contra Santiago Segura, Antonia Dell’Atte, Ona Carbonell, Paz Vega, Mario Vaquerizo, Xuso Jones y Carmen Lomana, entre otros.

Y, como no podía ser de otra forma, se infiltró en el territorio de los grandes monarcas de la gastronomía española, como Joan y Jordi Roca, Juan Mari Arzak y Ferrán Adriá. Una experiencia que define como “maravillosa”, después de enfrentarse a un verdadero rabo de toro cordobés y de cocinar a bordo del tren Al Andalus, uno de los más lujosos de España.

“A veces no me lo creía”, dice a Cocina y Vino el venezolano de 52 años. “Ellos son más que grandes cocineros, son estrellas. Y son genios, han cambiado para el mundo entero la manera que teníamos de entender la cocina. Y la comida. Arzak es siempre adorable, Berasategui un ser humano tan próximo y vasco, lo lleva con mucho orgullo. Y ya ver a Roca en un momento muy complicado para mí, pero igual de emocionante, estar tan cerca de un grande”.

Su favorito, afirma, es Adriá, “que es tan generoso. El mundo es realmente su ostra”.

El autor de Tiempo de tormentas y Azul petróleo, compara la escritura con su paso por la cocina. “Lo más difícil del programa ha sido ver cuando de repente un plato se desmorona… y después tú. Pero hay que tener la fuerza para recuperarse, levantarse y seguir adelante. Esa sensación también la tienes mucho como novelista”, ha dicho para medios españoles.

Ciudades y sabores

Es de buen comer y admirador de lo gourmet. El haber vivido entre grandes ciudades gastronómicas como Madrid y Caracas, y en un centro de convergencia de múltiples sabores como Miami, donde reside, lo ha hecho afinar su paladar.

Confiesa que no es de comer pabellón y que no extraña las arepas, pues en Miami ha encontrado un lugar donde degustar “una arepa rellena de carne mechada extraordinaria, porque la carne de vaca en América es irresistible, magnífica”.

Nunca deja de lado su relación con su país de origen. Su última novela, publicada este año, Tiempo de tormentas, es enteramente sobre Venezuela. “Decidí escribirla en el momento en que mi mamá, muy enferma, me dijo: ‘No puedo creer que haya nacido en una dictadura y que me vaya a morir en otra’”. Belén Lobo, pionera del ballet en Venezuela fallecía en 2014 como consecuencia de un cáncer.

El sonido de los mangos cayendo en el patio

Boris Izaguirre

 

Aunque saliera de Caracas en 1992 para pasar de los guiones con José Ignacio Cabrujas a la animación con Javier Sardá en Crónicas marcianas, se ha convertido en un símbolo de libertad para una generación de venezolanos. El sabor de una tierra siempre lo acompaña.

“Venezuela me ha permitido escribir mis tres mejores libros: Azul petróleo, Villa diamante y Tiempo de tormentas. En cada una de ellas, la identidad cultural de mi generación está bastante plasmada”, dice.

“Siempre incluyo un pastel de polvorosa, porque para mí es un paso adelante de la hallaca. Y también ensalada de gallina, el sabor de las guayabas recién descolgadas de su rama, el sonido de los mangos cayendo en el patio. El momento de poner el aguacate sobre el chupe. La arepa recién caliente y mi mamá en la cocina con su kimono de Japan Airlines. Esa es mi Venezuela, que es en realidad mi Caracas. Siempre digo que yo soy caraqueño más que venezolano. Me ha llevado muy lejos ser de Caracas”.

Te catalogan como un showman, pero es indiscutible que en tu discurso, tus libros, tu verbo, no dejas de lado la política. ¿Tu participación en Masterchef también podría ser un territorio político?

“No, jamás, es lo que me más me agrada de ese programa. Es entretenimiento. Como me dijo Joaquín Riviera la primera vez que trabajé a sus órdenes en el Miss Venezuela: ‘Nosotros somos entretenimiento, no hay espacio para otra cosa. Entretenimiento’”.

Si tuvieras que explicar qué son Caracas, Madrid y Miami en un ingrediente o en una circunstancia en la cocina, ¿cómo serían estas tres ciudades?

“Que difícil. Caracas… jugo de lechosa, al despertarte o cuando regresabas de las fiestas y lo tomabas para ‘depurarte’ a las tres de la madrugada en La Sifrina.

Madrid… chuletón y guindillas y pimientos asados. Es mi plato favorito en Julián de Tolosa, un restaurante casi monacal que gusta mucho a los escritores.

Miami… ceviche, lo hacen tan bien en El Chalán de la Playa en Washington y la 15. Adoro compartirlo con tostones, que también hacen muy bien. Y cerveza helada”.

Boris, en breve

  • Un ingrediente que no falta en tu mesa: Picante.
  • Una cena memorable: En Marsella, Rubén y yo discutiendo con una de las mejores vistas de nuestra vida.
  • El sabor que te enamora: Limón y aguacate.
  • Un placer culposo: Crema batida envasada.
  • El cocinero de tu vida: Jordi Roca.
  • Un platillo de la infancia: Chantilly de fresas, lo había en todas las fiestas que iba y ahora ya no se hace.

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