Adriana Urbina, una ganadora con sazón criollo

Adriana Urbina ha dado mucho de qué hablar recientemente, tras consagrarse como ganadora, por tercera ocasión, en el reality gastronómico Chopped, de la cadena estadounidense Food Network. Sin embargo, Urbina tiene mucho más que contar y una historia de superación que compartir.

Venezolana, hoy radicada en Nueva York, la cocinera de 27 años es una gran apasionada del oficio que la ha dado a conocer. Desde siempre defensora de la perfección, la disciplina y el trabajo, busca llevar a otros lugares el sabor de su tierra a través del proyecto Tepuy Dining.

Del fogón familiar a las aulas

Adriana Urbina, una ganadora con sazón criollo

En el mundo de la gastronomía abundan las historias donde la madre o alguna otra figura femenina asume el rol de mentor de las artes culinarias, sin embargo, esto no fue así para Adriana. Su padre, dice, fue el promotor de su amor por los ingredientes y los utensilios desde que ella tiene memoria. “Mi papá siempre estaba en la cocina. Él me entusiasmaba a que lo ayudara a cocinar”, recuerda.

Así fue como dio sus primeros pasos. Se inició con preparaciones para sus amigos, su familia y, como no podía faltar, para ella misma. Con el tiempo, aún siendo adolescente, ya la cocina era parte de sus pasiones. Sin embargo, antes de optar por un aprendizaje formal en el área, buscó trabajar. “Era una manera de saber si era lo que verdaderamente quería en mi vida, pues es una carrera muy fuerte”, explica.

Luego de varias experiencias que cataloga como enriquecedoras, dio el salto a la formación académica. Primero realizó un curso corto de gastronomía y, posteriormente, se apuntó en la escuela del cocinero Sumito Estévez. Durante ese tiempo, trabajaba simultáneamente con la chef Helena Ibarra, a quien exalta como una de sus principales tutoras.

Pero para Adriana lo que iba aprendiendo no era suficiente, de tal manera que tomó rumbo al viejo continente con la idea de mejorar sus habilidades.

En búsqueda de la perfección

Adriana Urbina
La cocinera propone un estilo criollo con innovación. En la gráfica, un gazpacho de mango verde.

Urbina partió de Venezuela con la mente en Francia y España, dos países punteros en cultura culinaria. Su primera parada fue en territorio francés, donde cursó estudios de pastelería en la escuela del respetado Alain Ducasse. “Fue una experiencia increíble, aprendí muchísimo sobre las técnicas francesas”, rememora.

Luego, su deseo era ingresar en algún restaurante de renombre en la nación ibérica. “Apliqué a un montón de lugares. El restaurante de Martín Berasategui era la primera opción en mi lista y me respondió después de tres semanas. Apenas recibí la respuesta tomé mis maletas y me fui para allá”.

La pasantía con Berasategui la califica de “muy dura”. Jornadas de trabajo de hasta dieciocho horas, dinamismo constante e incluso caminatas extensas para llegar al restaurante eran parte de su día a día. “Apartando todo eso, fueron los momentos que más me han hecho crecer como persona y como profesional. Lo que aprendí ahí fue impresionante”.

De aquellos días Urbina recuerda lo fuerte que es para una cocinera tan joven afrontar ese tipo de desafíos. “En aquel momento mis amigos disfrutaban la vida y yo desde los 17 trabajaba incansablemente. Pero soy feliz porque hago lo que me gusta, sabía que el esfuerzo y la dedicación valdrían la pena”.

La Gran Manzana, un destino inesperado

Adriana Urbina, una ganadora con sazón criollo
Su salto a Nueva York la inspiró a crear su propio restaurante pop-up.

Una vez finalizada su aventura en el exterior, Adriana retornó a Venezuela con el fin de darse a conocer. Paso a paso creó una empresa dedicada al catering y otros servicios, pero ante inconvenientes relacionados con la situación del país se vio en la necesidad de tomar un rumbo nuevo. Esta vez su destino fue Nueva York, lugar donde residía su hermana.

“Fue complicado, nunca imaginé hacer mi vida fuera de Venezuela. Mi inglés era muy malo y tuve que esforzarme para mejorarlo. Además, debí aprender muchos términos relacionados con la cocina de ingredientes y yerbas que no se usan en mi país”, relata sobre su llegada a la Gran Manzana en 2013.

No obstante, para la criolla esto representó una oportunidad que le permitiría “catapultar la comida de Venezuela, que en aquel entonces no era muy conocida en la ciudad”. Esta motivación dio pie a su exitoso proyecto.

Tepuy Dining, el sello de Adriana Urbina

Adriana Urbina Tepuy Dining

“Después de trabajar en varios locales de España y Estados Unidos me di cuenta de que lo que me llena son mis raíces y de donde vengo”, asegura con firmeza la cocinera. Así las cosas, para ella lo más importante al momento de enfrentarse a los fogones es hacerlo con los gustos de su país, los cuales, explica, le brotan del corazón.

Así nació Tepuy Dining, un restaurante bajo el concepto pop-up que ha llevado con éxito a ciudades como San Francisco, Los Ángeles, Texas, Portland, Miami y Chicago, entre otras. El objetivo principal de la propuesta es demostrar que la gastronomía nacional va más allá de la arepa y que tiene “muchas más cosas buenas que compartir”. En cuanto al nombre, expresa que quiso exaltar algo muy llamativo de la zona amazónica venezolana. “Es un buen tema de conversación, los comensales suelen preguntarme qué significa y ahí les cuento las maravillas que tenemos”. En las cenas ofrece un menú degustación con seis platos que varían en cada oportunidad.

Adriana Urbina
Mini arepa | Vieiras | Berenjena.

“Empecé este proyecto sin nada, sin contactos o dinero, desde abajo. Lo que quiero decir con esto es que todos pueden inspirarse para cumplir sus sueños y que pueden lograrlos”, dice.

En cuanto a lo que propone en la mesa, indica que sus gustos son muy tradicionales: “Es algo que recuerda a la comida de la abuelita” a través de ingredientes de temporada, combinando el estilo neoyorquino con el venezolano.

Finalmente, la joven chef comenta que busca colaborar a través de sus proyectos con diferentes organizaciones benéficas en territorio criollo, con el objetivo de ayudar cada vez más en cuanto le sea posible.

De la mesa a la televisión

Adriana Urbina, una ganadora con sazón criollo

Aficionada a los paseos en bicicleta, los museos y la música, llegó a tocar en algún momento de su vida violín, piano y mandolina. Pero a pesar de este carácter multifacético, nunca esperó participar en algún show televisivo.

A raíz del éxito de Tepuy, la cadena Food Network se puso en contacto con Urbina. La razón: preparaban un especial latino del conocido programa de concursos de cocina Chopped. Asistió a las pruebas y cinco meses más tarde le fue confirmada su participación en el reality gastronómico.

“Estar en televisión en rarísimo, pero a la vez me encantó. Siempre nos trataron muy bien, hubo mucha energía positiva. Es algo que volvería a hacer mil veces más”, explica sobre la experiencia.

Desde entonces se ha llevado los honores en tres ediciones distintas del programa, la más reciente, el pasado seis de noviembre. Su momento favorito fue durante el primero: “No me creía capaz de lograrlo y hacerlo, obtener el reconocimiento me llenó de alegría”.

En cuanto a su última victoria, publicó un mensaje lleno de felicidad y algarabía a través de la red social Instagram: “…Qué orgullo me dio poder representar a mi país y haber sido la primera mujer venezolana en ganar esta competencia. Espero que esto los anime a salirse de su zona de confort y luchar por sus sueños. ¡Porque si yo lo logré no tengo duda de que ustedes también pueden!”.

Lo que cocina para el futuro

Adriana Urbina, una ganadora con sazón criollo

Si algo caracteriza a los profesionales de la cocina es que no pueden quedarse estáticos. Adriana dice que no son pocos los proyectos que pasan por su mente. A corto plazo, está por lanzar un recetario, próximo a salir el año entrante. Además, se encuentra finiquitando los detalles de su propia fundación destinada a apoyar a las cocineras porque, según explica, “enfrentan más desafíos en la industria”.

“Lo que más me gusta de mi pasión, que es la cocina, es hacer cosas buenas y ayudar. Quiero llevar el mensaje de que hay muchas cosas para seguir trabajando. A los niños y niñas hay que darles una esperanza de que se puede luchar por los sueños. Yo no tenía nada y logré hacer cosas, la idea es que la gente se emocione y conciba sus propios proyectos”, finaliza Adriana Urbina, una entusiasta de los buenos sabores y de la ilusión.

También le puede interesar:  Carlos Maribona y la verdad de la buena mesa

Comments

comments