Foto: La Dolce Vita

El restaurante caraqueño La Dolce Vita abrió sus puertas hace más de 35 años, y luego de cerrar, cambiar de dueños y nombres, hace año y medio “resucitó” con nuevos ímpetus como en sus mejores tiempos. Y lo hizo cuando el maitre, Vito Galucci, leyenda de viva de aquella época, regresó para recibir y darle recomendaciones sobre los platos del día a los comensales.

En ese camino por mantener la excelencia, frecuentemente renueva su menú; eso sí, manteniendo los platos favoritos de su clientela, entre ellos “la diva” de la carta, que sigue siendo su linguine Sophia Loren (pomodoro, pancetta italiana y pecorino romano). Es una manera de reinventarse. Como también lo es el haber desechado el brunch de fin de semana, con el cual no obtuvo los resultados esperados.

Una propuesta distinta

La Dolce Vita
Sopa de nabo, repollo blanco, portobellos y tejas de pan italiano / Foto: La Dolce Vita

En este sentido, ha ido introduciendo novedades a su propuesta gastronómica cada cuatro meses. De hecho, la más reciente fue modificada prácticamente a la mitad.

“Nuestra carta es innovadora, porque forma parte de nuestra filosofía. Somos un restaurante de gastronomía italiana, pero distinta a la que se conoce, destacando mucho los sabores del norte y del centro”, afirma su dueño, el venezolano René Sabino, residenciado hace casi tres décadas en Portugal.

De sopas ofrece cuatro tipos: una crema de tomate, una de mariscos, otra con zanahorias, calabacín, espinaca, pesto de albahaca y queso parmesano, y la más reciente, de nabo, repollo blanco, portobello y tejas de pan italiano.

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La bruschetta panasiática: pan con puré de aguacate, cangrejo, tomate y salsa de anguila / Foto: La Dolce Vita

En cuanto a los antipastos, hay 12 opciones. Se pueden conseguir desde alcachofas rellenas de camarones y curry; croquetas de arroz arborio rellenas de queso mozzarella y ragú de carnes mixtas; carpaccio, albóndigas italianas en salsa de pimienta negra; crepes de ajoporro y prosciutto a la crema, hasta bruschettas. De estas últimas, el restaurante rompe con el concepto un tanto conocido y apuesta a otros sabores. Por ejemplo, destaca una de estilo panasiático, elaborada con pan casero, puré de aguacate, cangrejo, tomate y salsa de anguila.

El menú también resalta por sus tres tipos de ensaladas, entre ellas la capresa con tomate manzano, queso mozzarella de búfala y pesto de alhabaca. Tienen igualmente cuatro opciones de focaccias rellenas, una de las cuales viene con mortadela de pistacho y aceite de trufa. En cuanto a carnes, hay cinco propuestas.

Pastas para todos los gustos

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Rigatoni al pulpo con pimentones asados, perejil y paprika / Foto: La Dolce Vita

Mucha de la materia prima con la que trabaja La Dolce Vita es importada, de eso Sabino se vanagloria. Quesos, aceites, trufas y algunas pastas largas vienen de Europa. “Trabajamos con ingredientes de calidad, todas las semanas me llegan productos. Los traigo puerta a puerta”, precisa.

El resto de las pastas son de fabricación propia, hechas en la cocina del restaurante. Según asegura, “no usamos marcas comerciales, ni congeladas. La frescura es algo fundamental para nosotros”.

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Tortelloni rosa rellenos de queso mascarpone, tomates secos e higos / Foto: La Dolce Vita

Hay cinco risottos, en pastas cortas siete propuestas y ocho de las largas. De las que son rellenas ofrece cuatro: una con cordero, dos con langostinos y otra que llama la atención, no solo por su color y sabor, sino por su forma. Se trata de los tortelloni rosa, rellenos de queso mascarpone, tomates secos e higos.

Una delicia rusa

En su ambientación, La Dolce Vita remarca el concepto italiano, aunque juega un poco a salir de ese esquema, introduciendo ciertos toques de modernidad. Su decoración lo refleja con aires electro-pop, que conjugan moda y arte.

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Medovik Pushkin es un postre ruso que han incorporado / Foto: La Dolce Vita

Se da también algunas licencias para romper con lo tradicional en algunos platos. En la carta de postres hay un tiramisú de limoncello, cannoli de Sicilia y panna cotta. Sin embargo, recientemente quisieron mostrar un dulce tradicional ruso, inspirado en la abuela de Victoria, la esposa bielorrusa de Sabino.

¿Su nombre? Medovik Pushkin. Es una torta delgada con miel y sobre ella una crema elaborada con queso ricotta, leche condensada y polvo de nueces. Cabe decir que, además de deliciosa, no empalaga.

Coordenadas

Av. San Juan Bosco, edificio Torbes, Altamira. Abierto de martes a domingo, desde las 12 del mediodía hasta las 10:30 pm, salvo el domingo (8:30 pm).

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