MintJulep

Cuando recopilaba información para la escritura de El Paisaje en la Olla, sobre la gastronomía carabobeña (El Nacional, 2014), que hice junto con Zoraida Barrios, la muy conocida Mamazory, me topé en Puerto Cabello con un dato que me interesó vivamente. Se trataba del Mintjulep, una suerte de aguardiente que tomaban las personas con mayores recursos económicos en el Puerto, que generalmente eran los comerciantes y algunos funcionarios públicos y gerentes de empresas privadas.

El pueblo tomaba una bebida muy fuerte que llamaban “ron inglés”, que era preparado por los pulperos mezclando aguardiente con papelón cocido, y que aromatizaban con pimienta española. Ese ron inglés no era más que un guarapo fermentado de baja calidad que los pulperos guardaban en tinajas de barro debajo del mostrador. Pero los otros bebedores, los más acomodados, tomaban Mintjulep, una bebida alcohólica preparada con una mezcla de ginebra o brandy, agua y azúcar, y en la cual maceraban hojitas trituradas de yerbabuena.

En 1927 la C.A. Cervecera de Maracaibo, con sede en Maracaibo, producía una bebida gaseosa que llamaban Julep, pero que desapareció pocos años después.

Hasta aquí el cuento del Mintjulep, y guardé su recuerdo como una bebida extraña entonces en Venezuela. Pero, revisando bibliografía especializada, me conseguí con un libro de Richard Barksdale Harwell (The Mint Julep, Virginia, 1975), en el que relata que el Mint Julep era una tradición muy arraigada en todo el viejo Sur estadounidense, especialmente caro a los paladares de los nostálgicos de Virginia y Kentucky. Lo elaboraban con whiskey, jarabe y menta, y lo servían con hielo. Y forma parte de la tradición y la nostalgia regional, presente en todas las mayores ceremonias de celebración en la región.

Algunos especialistas sostienen que el mojito, un trago clásico de la coctelería cubana, fue una adaptación caribeña del Mint Julep de Kentucky del siglo XIX, pero en el que se sustituyó el licor principal, que era el whiskey por el ron, y especialmente por el ron Bacardí.

Rafael Cartay/@RafaelCartay

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