hotel servicio

El servicio a la habitación es uno de los factores más atractivos de toda estadía en un hotel. El hecho de estar en un cuarto cómodo y con todos los lujos se torna aún más paradisíaco cuando llega la cena hasta la puerta. Lastimosamente, lo que en ocasiones termina arruinando el ambiente es una comida insípida y pasada de cocción, culpa en muchas ocasiones del propio personal del hotel.

Resulta que el largo camino que cogen los platillos entre la cocina y la habitación daña la, generalmente, estupenda preparación que seguramente elaboró un equipo de cocineros profesionales. Esto, obviamente, tratándose de un hotel medianamente reconocido.

Al colocar los alimentos recién cocidos y calientes en el carrito de traslado y cubrirlos con una tapa de aluminio, estos se siguen cocinando y así se estropean los sabores y texturas de cada componente.

Por ello,  según Food & Wine, el chef Skipp Worden, del hotel norteamericano Westin Jekyll Island, declaró ante un medio local que hay muchos platillos que se deberían evitar a la hora de pedir comida en el servicio a la habitación. Por ejemplo, alimentos fritos como papas, aros de cebolla y camarones tempurizados, al concentrarse el vapor entre el plato y la cubierta adquieren una textura gomosa y poco agradable, lo contrario a la crocancia que debería caracterizarlos.

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Asimismo, algunos vegetales también pueden pasarse de cocción de este mismo modo y tienden a perder sus sabores característicos. Lo mismo puede ocurrir con las pizzas, cuya masa pierde su cualidad crujiente y se torna más aguada y poco apetitosa.

Qué hacer

En vista de lo expuesto, este chef recomendó a los huéspedes de los hoteles que sean rigurosos al momento de hacer su pedido, de modo que les den indicaciones correctas a los cocineros. Worden sugirió que, en el caso de las frituras, estas se ordenen extracrujientes, es decir, que las dejen más tiempo en la freidora para que al menos lleguen un tanto firmes al cuarto.

En el caso de carnes y vegetales, es mejor que se pidan un poco más crudos de lo normal o al dente, para que con el vapor obtengan el punto de cocción deseado. Parece fastidioso tener que ser tan específico en un momento de relajación, pero si de comer bien se trata, hay que hacerlo.

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