La gastronomía no es solo reconocida por grandes críticos, medios y comensales a nivel mundial. Tampoco se limita a ingredientes y preparaciones típicas, pues el arte de cocinar según costumbres y raíces históricas es capaz de envolver a toda una nación y de convertirse en un bien digno de reconocer en todo el planeta.

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), ente que busca preservar la diversidad cultural en el mundo, incluye dentro de su lista de Patrimonios Culturales Inmateriales de la Humanidad a toda tradición que sea imprescindible para una comunidad a través de las generaciones.

Por tal motivo, desde 2010, la Unesco decidió designar a las cocinas francesa, mexicana, japonesa y mediterránea como ejemplos dignos de admirar, al ponerlas a la par de otros rituales emblemáticos como el arte chino y el tango.

México y Francia fueron los primeros en recibir tal distinción. El primero, con énfasis en el estado de Michoacán, consiguió el galardón gracias a las fuertes influencias familiares en la siembra y la elaboración de platos típicos como el tamal y las tortillas.

La participación colectiva en la cosecha de alimentos como el maíz, el chile y los frijoles, y las reuniones culinarias de tanta tradición en las que los mexicanos se juntan para comer y compartir, se consideran como fortalecedores de los vínculos sociales y es por eso que quedarán estampados en la historia patrimonial.

Por su parte, Francia fue exaltada precisamente por el buen comer y beber que practica y que a todo el mundo maravilla. Son ellos los padres de la comida gourmet y se han encargado de que sus habitantes entiendan la importancia del buen gusto y la calidad de los platillos. Chef que no disponga de un recetario francés, ha fracasado como cocinero.

Últimos pero no menos importantes

Tres años después, la cocina mediterránea consiguió la hazaña gracias a la insistencia de países como España, Grecia, Italia y Portugal. No era para menos. Fue esta gastronomía la que sirvió de base para las cocinas de casi toda América durante la etapa de colonización. La conjunción de los productos de mar con los frutos de la tierra merecían formar parte de este reconocimiento y la Unesco se dio cuenta de ello.

De igual modo, el mérito no se refleja solo en sus platillos, sino también en todos los procesos que la obtención de la cocina mediterránea demanda, como la artesanía, la pesca, la agricultura, la buena vecindad y el intercambio cultural.

A su vez, en el mismo año, Japón adquirió su membresía en la lista de patrimonios culturales, principalmente por su práctica “washoku”, que consiste en un grupo de procesos de producción, preparación y consumo de alimentos que suele implementar toda la familia nipona.

Los conocimientos básicos y los rasgos sociales y culturales característicos del “washoku” se manifiestan, generalmente, durante las fiestas del Año Nuevo. En estos días se preparan distintos manjares, cada uno con un significado simbólico distinto, que a nadie dejan insatisfecho. Para los japoneses, el conocimiento y respeto de los ingredientes locales como el arroz, el pescado y las plantas silvestres es primordial.

En conclusión, no se trata solo de compartir platillos llenos de sabor e historia, sino de que sean ricos en fraternidad y admiración por los siglos de los siglos.

La lista de Patrimonios Culturales Inmateriales de la Humanidad se puede conseguir aquí.

Con información de ich.unesco.org.

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