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Es cierto que casi todo es más barato por docena. Sin embargo, bien dice el dicho que lo barato sale caro. En ocasiones, invertir en grandes porciones de alimentos para salvar dinero y tener una buena reserva puede ser contraproducente. Adquirirlos en sacos, bultos o latas gigantescas solo es recomendable si el consumo hogareño es realmente elevado, pero esto no tiene sentido si van a pasar meses almacenados. No se puede equipar la alacena como si se tratara del depósito de un restaurante.

Hay productos que se deben consumir en un tiempo breve, de lo contrario, pierden sus características y se estropean. A continuación, algunos de los que no se debería abusar a la hora de hacer mercado.

Semillas y frutos secos

Aunque no lo parezca, los frutos secos como el maní o diferentes tipos de semillas tienen un elevado contenido de grasas que, si bien son insaturadas, tienden a ponerse rancias. Lo ideal sería, en caso de poseer muchos kilos, conservarlos a bajas temperaturas. No obstante, siendo realistas, muy pocos cuentan con equipos de refrigeración en casa como para almacenar tal cantidad.

Especias y condimentos

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Si bien hay especias que parecieran durar toda la vida, como la nuez moscada, hay algunas que se deterioran. Aunque no se estropean del todo, pueden llegar a adquirir sabores rancios o llenarse de microorganismos indeseados. De ahí que lo preferible es no irse al extremo.

Harina

Al igual que con las semillas, la harina (principalmente de trigo) no conserva sus propiedades a medida que pasan los días. Aunque se mantenga en lugares cerrados y sin humedad, es casi imposible evitar que en algún momento se torne rancia y sin textura. Una harina demasiado vieja puede atraer insectos y también impedir que panes u otros preparados crezcan.

Granos integrales

Lo que hace a un grano integral es el hecho de contener aun el salvado y el germen. Estos tienen componentes que también retienen muchos aceites, lo cual es sinónimo de deterioro del sabor.

Café

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El café conservado por largos períodos pierde las moléculas que le dan ese aroma tan particular. No solo existe el riesgo de tomar un café viejo e insípido, sino con olores de otros alimentos de la despensa. ¿Para qué correr ese riesgo?

Aceites

No importa del tipo que sea. Si es grasa, se tornará rancia inevitablemente. Ni siquiera los más sosos, como el de canola, se salvan de ese vaho tan desagradable. Es mejor ir comprando en pequeñas cantidades que tener un montón de aceite añejándose sin necesidad.

Huevos

Rara vez alguien compra más de una o un par de docenas de huevos periódicamente. Pero quien lo haga probablemente podría estar incubando una buena ración de huevos viejos y podridos. Es dudoso que alguien tenga suficiente espacio en la nevera para tantos de estos. Por eso, es mejor quedarse con el típico cartón y no exagerar.

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