Aceite de oliva

El aceite de oliva por sus infinidad de propiedades es uno de los más saludables. El denominado “el oro liquido” aporta infinitos beneficios para la salud, ayuda a prevenir enfermedades cardiovasculares, favorece la digestión, funciona como protector frente al  estrés oxidativo celular.  Aunque no posee ningún tipo de conservantes, colorantes ni aditivos, este aceite es comúnmente utilizado en crudo para aderezar ensaladas y salsas.

Para poder freír con aceite de oliva este debe de llegar a una temperatura de 185°C para que aporte un aroma característico. Es mucho más estable que el de semilla, libera menos grasa del alimento y sella mucho más rápido sin transferencia de líquidos. Aunque los aceites de oliva extra virgen no deben de tratarse en extremo calor por su delicado proceso de extracción y conservación.

Aceite de girasol

Aunque el aceite de girasol es brutalmente discriminado, es una gran fuente de ácido graso y rico en omega 3 y 6. Es ideal por sus propiedades antiinflamatorias para los casos de artritis. Es rico en ácido oleico, así como en vitamina E y polifenoles que lo protegen de la oxidación.

Este puede aguantar altas temperaturas.  Entre los platillos más frecuentes en los que se utiliza están el pollo frito, pescado u otras proteínas empanizadas. Aunque este absorbe un poco más de grasa no es totalmente dañino para la salud si no se utiliza en exceso.

Comparación

Una de las verdaderas razones por la cual uno es mejor que el otro es por su costo. No es un secreto que el aceite de oliva es mucho más costoso que el de girasol. Muchos suelen ser más selectivos en sus platillos con el aceita de oliva. Ambos aceites con que se prefiera freír no debe de llegar a una temperatura máxima de 160°C  y menos dejar que humee en el sartén o en la freidora.

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