Vino y Chocolate una armonía difícil de lograr

Vino y chocolate son dos productos altamente cotizados, protagonistas de muchos momentos y veladas especiales. Desde hace mucho tiempo, se intenta vender la alianza entre estos dos colosos como algo novedoso y exclusivo. Sin embargo, se ha podido comprobar que, a pesar de la insistencia comercial, no armonizan, más bien compiten y pelean en el paladar. Salvo algunas excepciones que mencionaremos más adelante.

El vino y el chocolate son extremadamente fuertes, con características gustativas potentes que exigen atención en las mismas papilas gustativas. Ambos dejan prolongados retrogustos. La dulzura del chocolate potencia el amargo del vino, y después de un sorbo de vino, encontraremos el chocolate desabrido. Nuestras papilas gustativas tienden a rechazar la multiplicación de sabores amargos juntos (aunado a la tanicidad).

Chocolate y vino fortificado

Cómo lograr una verdadera armonía entre vino y chocolate

La única interacción armoniosa posible entre los dos es cuando juntamos un chocolate cremoso, suave, con un vino licoroso o fortificado, dulce. Puede ser con un Oporto Ruby o Tawny, dependiendo del tipo de chocolate. El vino de Oporto tiene la estructura necesaria para hacerle contrapeso a la complejidad del chocolate. Otra armonía sugerida podría ser un turrón de chocolate con un Vin Santo (vino italiano de uvas pasificadas). En este caso, el vino actúa como un potenciador del caramelo en el turrón y suaviza un poco el chocolate.

Es importante resaltar que en ambos casos la armonía funciona porque los vinos sugeridos tienen un grado elevado de alcohol y dulzor. De allí que es bueno ir probando lo que vaya mejor con cada gusto, recordando siempre las claves de una armonía eno-gastronómica exitosa. Que los alimentos y bebidas no se opaquen entre sí y que potencien sus características gustativas agradables, no lo contrario.

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