Cavas españoles Freixenet

Justo en marzo pasado, hace tres meses, Freixenet cerró un acuerdo con el grupo alemán de espumantes Henkell para llevarse la mitad de la compañía española. Se quedaron con 50,75%, de acuerdo con La Vanguardia, para ser específicos. Ahora, Codorníu, otro gigante en España, pasará a estar controlado por un inversor extranjero: la multinacional estadounidense de private equity The Carlyle Group.

Carlyle se quedará, de acuerdo con los expertos, con entre 55% y 60% del capital total de Codorníu -que se calcula alrededor de los 390 millones de euros-, en una operación que se cerrará a finales de 2018.

La presidenta de la compañía, Mar Raventós, ha señalado que este acuerdo es un intento por impulsar la internacionalización, así como para “consolidar y dar continuidad a la estrategia del grupo, centrado en la construcción de marcas de valor y prestigio”. Sin embargo, la realidad es una. Tratan de preservarse y sobrevivir ante la crisis por la lucha de la independencia, que ha llevado a moverse a muchas empresas, y desligarse de la política.

En general, en las provincias catalanas han caído 40% las ventas en el sector alimentario, lo que ha afectado de forma directa también a las bebidas.

Codorníu, especialmente, ha visto cómo en los últimos años sus ventas nacionales han bajado ferozmente, tanto por el conflicto político catalán como por el aumento de la competencia en el país. Ya, para ellos, la mitad de su facturación procede de las ventas en el extranjero. Al igual que Freixenet, el grupo espera una subida de ventas a escala internacional con este cambio de mandos.

Ser y hacer historia

Algunos medios reseñaron la noticia como El año en que el cava dejó de ser catalán. La afirmación es fuerte. Pero para los analistas es más preocupante si se mira con lupa. Hay quienes señalan que la competencia y el caos político no son las únicas causas, también la progresiva marcha de algunas bodegas de la D.O. Cava y de la D.O. Penedès o la creación de etiquetas de prestigio, especialmente francesas, al margen de lo que se conoce como “cava”.

Hay que recordar que a principios de mes el cava catalán perdió la exclusividad de su nombre, por orden del Tribunal de la Unión Europea. Los catalanes, al parecer, se han venido negando a ser “un vino más”, ante este tropiezo.

El Periódico señalaba, sin embargo, que el sector del cava logró cerrar 2017 con cifras récord de producción y un incremento de la facturación de 6,5%. La producción creció 3% en 2017, con récord histórico de 252,5 millones de botellas, y una facturación de más de 1.149 millones de euros. Lo que es una señal indiscutible de que la gente continuará solicitando este espirituoso en las mesas y celebraciones, sea o no sea catalán.

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